DOS LEGUAS DE VIAJE SUBMARINO
Cuando a mediados de este año llegue a Cartagena para realizar la crónica sobre la vida de un submarinista de la Armada Nacional, estaba lleno de incógnitas como cualquier colombiano, hasta hace muy poco me entere que nuestro país poseía dos submarinos y tenía la curiosidad casi de un niño, de estar a bordo y me preguntaba como sería la sensación de estar abajo.
En los astilleros “HDW” Howaldtswerke - Deutsche Werft - AG de Kiel en Alemania Federal, se construyó el submarino ARC "PIJAO" entre el 14 de marzo de 1972 y el 20 de mayo de 1974. Luego el 14 de abril de 1975 ondeo por primera vez el pabellón Nacional. El submarino se bautizó así honrando la memoria de la tribu de los Pijaos, legendarios por el arrojo y valor que caracterizó a sus hombres.
Eran muchas las preguntas que tenía, pero quizás ninguna llegó a dimensionar lo que es compartir un tiempo con la tripulación de un submarino. Ellos son como una logia o cofradía que actúa como un solo hombre. Después de pasar un par de horas con ellos, me pregunté; cuál es el secreto para que los cuarenta integrantes de la tripulación de un submarino puedan convivir en paz, bajo condiciones difíciles, donde el espacio y las comodidades brillan por su ausencia. Y me lo pregunto, porque si nos dan el secreto, cuarenta y cuatro millones de colombianos podríamos imitarlo, para poder convivir en paz y armonía.
Pero el pionero de los submarinos en Colombia fue el ARC Intrépido, un submarino hecho en Colombia, que el 6 de noviembre de 1973 navegó en aguas colombianas, con tripulación totalmente colombiana, dando inicio con ello a una nueva fuerza, para enfrentar a todos los actores generadores de violencia.
Mi ingreso al ARC Pijao, un submarino tipo S-209, diesel eléctrico y que es uno de los dos submarinos oceánicos que tiene la Armada Nacional fue todo un ritual, el submarino estaba fondeado en Cartagena, donde le estaban realizando un mantenimiento general. Al muelle llegue acompañado por un suboficial de la oficina de prensa de la Fuerza Naval del Caribe, allí nos recibió un grumete que por un intercomunicador algo raro para mi gusto llamó al subcomandante. “Al señor subcomandante lo solicita un señor periodista en el muelle de acceso”. “Recibido” se escuchó desde el interior del submarino y en un par de segundos, un Capitán de Corbeta me recibió y autorizó mi ingreso al submarino.
Una de las causas que podríamos señalar para que se buscara la adquisión de submarinos para nuestro país, es el conflicto interno, que para 1964 cuando las guerrillas liberales tomaron la característica de guerrillas comunistass toma fuerza y es cuando los mares colombianos, se convierten en la puerta más ancha para penetrar al país todo tipo de armas y pertrechos, por parte de las nacientes Fuerza Armadas Revolucionarias de Colombia FARC.
Cuando bajaba por la estrecha escotilla me imaginaba llegar a un puente de mando, como el de la serie “viaje al fondo del mar”, o al del “Nautilos” con gigantescas ventanas para apreciar el lecho marino; pero ni lo uno ni lo otro, el espacio al interior del ARC Pijao, es bien, pero bien estrecho, el primer golpe que se recibe es el del ambiente, el aire se vuelve pesado y respirar causa un poco de dificultad, no llevaba ni cinco minutos al interior y de repente me apareció un fuerte dolor de cabeza.
En la actualidad la Fuerza Submarina colombiana se compone de dos Submarinos Oceánicos Tipo 209, el ARC “Pijao” y el ARC “Tayrona”, también están dos Submarinos Tácticos Tipo SX-506 de construcción Italiana, el ARC “Intrépido” y el ARC “Indomable” y que hacen parte del Dique Flotante el ARC “My Jaime Arias” construido en Colombia en el Astillero Conastil y la Unidad de Comandos Submarinos, quienes tripulan lanchas “Charriot” cumpliendo operaciones de inteligencia.
Mi primera curiosidad fue recorrer el submarino y me imaginaba pasando por compuertas y compuertas para conocerlo todo, pero la verdad el tour si acaso duro dos minutos, los dormitorios, el puente de mando, la sala de maquinas, el área de torpedos y se acabo. Mi primer pensamiento fue- como hacen para vivir aquí cuarenta personas y ahí fue cuando la historia se puso interesante- me senté con parte de la tripulación y empecé a escuchar sus relatos, unas vivencias maravillosas y solo accesibles a un grupo muy reducido de colombianos, pregúntese sí alguna vez en su vida usted pensó, en ser submarinista, no me mienta creo que nunca.
Los Submarinos son garantía para crear ventaja para la Fuerza de Superficie o los componentes aéreos. “los oídos debajo del mar”, alcanzan a detectar desde sesenta hasta ochenta veces más lejos, de lo que pueden hacer los ojos del vigía de un buque y aún las ondas del radar.
Para adentrarme en este mundo me senté inicialmente a hablar con el suboficial Héctor Jiménez Arias, un bogotano de treinta y tres años mas conocido como “El Pato” y quien es el jefe de comunicaciones del ARC Pijao. “El pato” lleva catorce años en la Armada y once como tripulante de submarinos y asegura que nunca se ha arrepentido de su decisión.
La tripulación de un submarino son personas con características especiales, durante su periodo de entrenamiento son clausurados en recintos cerrados, por largos periodos de tiempo para evitar la claustrofobia y el asilamiento del mundo exterior. Lo primero que adquieren es una gran fortaleza mental, a lo que se suma un mayor desarrollo de sus sentidos sensoriales. Como dicen en las marinas del mundo, el que es submarinista una vez seguirá siendo submarinista toda la vida
En su entrenamiento y preparación para convertirse en submarinista, “El Pato” paso varios meses en cámaras hiperbaricas, superó varias pruebas, donde le cambiaban constantemente la presión del aire, para ver la reacción de su cuerpo y al final le hicieron varias pruebas psicológicas para ver si no sufría de claustrofobia, algo prohibido, para alguien que puede pasar hasta cuarenta días sin salir a tierra firme o emerger en alguna zona cercana a una playa.
A la pregunta como es la vida en un submarino, “El Pato” responde. “Aparte de las tareas que cada uno desempeña, se trata de llevar un día lo mas común posible”. Común para él, porque para la mayoría de nosotros no hay nada de común, pasar el día en un cachalote de metal, a doscientos cincuenta pies de profundidad unos setenta y cinco metros y donde se siente un extraña sensación de vacio permanentemente. Para un submarinista la principal dificultad cuando sale de la nave es la luz, por eso permanecen con gafas oscuras en tierra firme no por vanidad sino por seguridad, para evitar alguna lesión ocular que acabaría con su carrera.
La Armada Nacional tiene unos doscientos veinte submarinistas, todos hombres, que compiten por los 150 puestos de los cuatro sumergibles militares. El curso de submarinista dura entre 18 y 24 meses, y no se abre todos los años. Al final se hace un examen en tierra y a bordo, que incluye manipular válvulas y palancas a ciegas.Solo los más hábiles, fuertes y tranquilos pasan la prueba.
El día para un submarinista es realmente corto si se quiere, arranca a las seis de la mañana y haciendo cola porque solo hay un baño y son cuarenta las personas que lo utilizan. El baño es un espacio súper reducido donde toca asearse con una pequeña manguera de manera rápida para que los chiflidos no acosen. Luego a desayunar y a quinientos metros bajo el mar si el cocinero fue previsivo y certero con la lista de provisiones se puede disfrutar de croissant, chocolate, huevos, queso y un buen café cerrero para contrarrestar la somnolencia que puede producir el ambiente que por ratos se torna pesado.
Las guardias o labores en un submarino son de cuatro horas y quien no este trabajando debe estar descansando ojalá durmiendo para que no gaste mucho oxigeno, en un submarino esta casi prohibida la actividad física fuerte, por el consumo adicional de oxigeno que esta produce. A la hora de la recreación la oferta consiste en juegos de mesa, ver películas y leer, quizás esta última sea la más apetecida porque la mayoría de la tripulación esta haciendo cursos a distancia de ingles, ingeniería, electrónica, electricidad y mecánica hidráulica.
El mayor peligro en un submarino son los conatos de incendio y es algo para lo que cada miembro de la tripulación esta listo para enfrentar, también les puede pasar cosas tan curiosas como la que vivieron los tripulantes del ARC Pijao, un día mientras navegaban cerca de Puerto Rico un buque pesquero los atrapó en su gigantesca red como si el submarino fuera una ballena, la situación no paso de un susto y quedo para el anecdotario de la embarcación.
En otra ocasión sufrieron una filtración de agua frente a la isla de Malpelo. En menos de diez minutos ingresaron al submarino cerca de doce toneladas de agua y la popa empezó a caer. Casi hacen ‘punta de aguja’, que es cuando el submarino queda en vertical. Si eso pasa es muy difícil recuperar la nave, que se desploma por la fuerza de gravedad, con el agravante de que si pasa de los trescientos metros la presión del agua la aplastaría como a una lata de cerveza.
La vida de estos hombres alejados de sus familias es bastante difícil, no acuestan a sus hijos como muchos padres, tampoco les ayudan con sus tareas y si los pequeños tienen un evento cultural o deportivo en el colegio, tendrán que conformarse con ver más adelante las fotografías o el video que sus sacrificadas esposas hagan para ellos.
Otros peligros que corren los submarinistas son las cartas de navegación incompletas, si estas no se actualizan permanentemente se vuelven obsoletas y el submarino puede literalmente estrellarse con un risco marino o encallarse en un banco de arena no previsto. También si salen a la superficie bajo un temporal, una gigantesca ola los puede convertir en un cilindro giratorio con impredecibles consecuencias.
Como arma silente un submarino es vital para proteger la soberanía nacional o para desarrollar operaciones de interdicción marítima contra el narcotráfico, son muchos los cargamentos de cocaína incautados gracias a la persecución silenciosa de los submarinos a las lanchas rápidas cargadas con coca, la tripulación toma las coordenadas y en segundos los buques las reciben para montar la operación de captura.
No crean que me había olvidado de “El Pato” quien amablemente se convirtió por un par de horas en mi guía, este bogotano no ve su vida lejos de un submarino, se pregunta que puede hacer un hombre acostumbrado a navegar sentado en un escritorio viendo pasar la vida, para él la vida es el mar, en su trabajo a conocido buena parte del mundo y me pregunta casi con sarcasmo, ¿qué es mejor?, estar metido en un trancón en la autopista norte en Bogotá a las siete de la noche o navegar acompañado por cientos de delfines que se acerca al casco del submarino y cantan acompasadamente como si fueran un coro de sirenas.
Al interior de un submarino no se lleva una dieta especial, el ejercicio diario es muy básico y es mas de estiramiento y hay que tener mucho cuidado con el hollín que a veces produce su propia respiración.
La tripulación de un submarino manejan varios rituales como no afeitarse desde el momento que salen de puerto hasta un par de horas antes de regresar es decir que si pasan cuarenta días navegando terminan con barba de náufrago y la particular costumbre sirve para hacer concursos quien tiene la barba más perfecta, la más fea, la más varonil y a los ganadores se les da un día de permiso.
En su día a día el ARC Pijao y el ARC Tayrona, son los defensores de la soberanía en ultramar, aunque pasan desapercibidos han estado en momentos cruciales de nuestra soberanía, como en 1987 cuando Venezuela amenazó con sus Fragatas en el Golfo de Coquivacoa, nunca pero nunca se dieron cuenta que en aguas colombianas y bajo ellas, el ARC Pijao permaneció treinta y tres días sumergido, con sus torpedos apuntando hacia las fragatas esperando la orden de hacer fuego.
Los largos días en ultramar, también se disipan un poco jugando bingo y los premios a los ganadores van desde un pollo asado o un buen bistec de carne, si alguien cumple años el pollo se vuelve una buena opción para la celebración ante la falta de una torta con velas. Una curiosidad en los submarinos se aplaude con los pies sobre el piso, es decir zapateando, así suena mas duro el homenaje y si alguien se va asentar en un mesa que ya tiene comensales no se pide permiso, simplemente se da un golpe sobre ella y si es aceptado, los comensales también golpean la mesa.
En un submarino no se perdona un mal olor en los pies y los nuevos antes de partir del puerto son tirados desde la escotilla al mar, también hay otra costumbre, cuando en un viaje algún tripulante cruza por primera vez el meridiano de Greenwich o la línea ecuatorial, todos se disfrazan y el capitán lo hace del rey Neptuno y le da un bebedizo al novato, consistente en agua de mar con azúcar y vinagre, luego lo hacen gatear por todo el submarino mientras el resto de la tripulación, le pega en el trasero con chanclas, almohadas o tablas.
La tolerancia es una de las principales virtudes de los submarinistas. Imagínese usted de mal humor o enojado con una persona que obligatoriamente tendrá que ver unas cien veces a día por la estreches del espacio, sólo hay una vía para recorrer el submarino de proa a popa y por eso aquí se perdona y se comparte todo, incluso hasta la gripa.
Son muchas las anécdotas que hay en los submarinos colombianos como la vez que guardaron el arroz en los tubos lanza torpedos y estuvieron a punto de disparar preventivamente contra un buque el narcotráfico que no se quería detenerse. Alguna vez pasaron cuarenta días sin azúcar porque a un grumete se le olvido subirla a bordo, imagínense la cara que le hacían, cada vez que se tomaban un jugo o un café. Otra historia, en una ocasión atracaron por un par de horas en la costa de San Croix, Puerto Rico y aprovecharon para botar la basura, a la orden que ayudaran a amontonarla, todos cogieron cuanta bolsa negra encontraron, luego partieron sin saber que el cocinero había guardado todo el pollo que llevaba en un par de bolsas negras, mientras se descongelaba para sazonarlo.... Durante el viaje de regreso, el aroma y el sabor del pollo solo eran un recuerdo en sus mentes. Afortunadamente tenían de reserva unos enlatados que ayudaron con el menú durante las dos semanas siguientes.
También hay historias de espantos en nuestros submarinos, dicen que en el ARC Pijao sale el espectro de un alemán que murió en un astillero teutón donde se le hacia mantenimiento al submarino... Algunos tripulantes del ARC Pijao dicen que lo ven salir del propulsor donde murió accidentalmente, imagínense uno a media noche encontrárselo y apenas tener un pasillo de dos metros de ancho para salir corriendo.
En todo sitio la antigüedad cuenta y los submarinos no son la excepción, a la hora de dormir los más antiguos tienen los mejores sitios y los mas novatos lo hacen en el nido de las águilas, que son los camarotes mas altos muy cerca de los ductos de aire acondicionado donde hace un frio infernal.
Toda la tripulación de un submarino trabajan como un solo hombre, hay un líder que es el comandante y todos le siguen como una ola, aquí no hay espacio para los errores.
Como lo ven, no es fácil trabajar, convivir y pasar cada día en un submarino, es una labor abnegada e importante y por eso quienes trabajan protegiendo nuestra soberanía bajo nuestros dos océanos, son hombres convencidos de su trabajo, amantes de sus familias y comprometidos con la nación. Silenciosamente trabajan cada día por el país con el deseo de lograr a futuro, la paz y la tranquilidad general que tanto necesitamos. Finalmente una máxima para tener en cuenta, es demasiado caro tener una marina y un submarino pero es mucho más caro no tenerlos en el momento necesario.








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