EL SALADO
1
EL
RECORRIDO DE LA MUERTE
Los
veinticuatro kilómetros que separan los municipios de Zambrano y Córdoba en el
departamento de Bolívar están unidos por un molde curvilíneo y sinuoso al que
todos llaman carretera. Es un camino
estrecho, polvoriento y empedrado que corre casi paralelo al río Magdalena,
una zona donde la belleza natural invitaría a muchos foráneos a pasear por sus
parajes, pero un reto diario para sus
moradores permanentes por la falta de oportunidades.
La
madrugada del miércoles 16 de febrero de 2000 un campero se deslizaba presuroso
por esa cinta bordeada de hierva y piedra tratando de ganar su destino antes
que el amarillento firmamento, liberara el incesante sol que convertía en
minutos el arcilloso suelo en una caldera sofocante. En el vehículo dos hombres
entre dormidos perdían su mirada en el paisaje salpicado por rojizas casas
hechas de barro y cientos de cabezas de
ganado. La tranquila contemplación fue interrumpida abruptamente, en un recodo
del camino un grupo de hombres con brazaletes negros y las iniciales AUC en
tinta blanca, aparecieron armados de fusiles apuntando al parabrisas del
vehículo, no hubo dialogo, ni preguntas o explicaciones, en menos dos minutos los
asustados viajeros fueron sacados a empellones y tirados al camino, una ráfaga
de fusil acabó con sus vidas mientras sus asesinos partían en el vehículo por
una trocha que se perdía en la montaña, necesitaban un carro conocido en la
zona para no levantar sospechas.
Horas
más tardes en ese vehículo y en otros traídos en la noche del departamento del
Magdalena, trescientos hombres de las Autodefensas Unidas de Colombia al mando
de José Barrera alias “Chepe” y Rodrigo Peluffo Méndez alias “Cadena”, que llegaron
desde Córdoba y Magdalena, empezaron un recorrido que llenaría de dolor y
desplazamiento los corregimientos y caseríos del municipio de Ovejas en el
departamento de Sucre.
El
grupo armado guiado por cuatro ex guerrilleros del frente 37 de las FARC que se
unieron a las autodefensas, llegó sorpresivamente a las veredas de San Rafael,
San Pedrito y el corregimiento de Flor
del Monte, caseríos de humildes agricultores, donde los ex miembros de la
guerrilla señalaron a varios labriegos
como guerrilleros y milicianos[1].
Moisés Gutiérrez, Antonio Martínez Montes, Amaury José Martínez, Jorge Mercado
Olivera, Félix Pérez, Miguel Martínez Narváez, Marcos Díaz, Jorge Mercado
Vergara, Benjamín González, Miguel Montes, Luis Peña Salcedo y Juan González
fueron asesinados a bala delante de sus familias.
Un
helicóptero Bell Ránger de color azul y blanco, artillado y sin matricula,
perteneciente a las autodefensas ilegales, sobrevoló el corregimiento del
Salado y el municipio de Córdoba en Bolívar, A
las doce y veinticinco minutos del medio día el aparato fue detectado
por tropas de la Infantería de Marina que lo impactaron desde tierra y con el
apoyo de un avión de la Fuerza Aérea lo obligaron a aterrizar en un paraje
rural cerca de Plato Magdalena, los
ocupantes se dieron a la fuga y
los pilotos de la FAC inutilizaron el aparato bombardeándolo.
Él
sobrevuelo del helicóptero generó pánico entre los pobladores del municipio de
Córdoba, en la escuela y el colegio suspendieron las clases antes de la hora
normal, varios pobladores cerraron sus casas con candado y se fueron en busca
de refugio, tenían miedo porque la guerrilla había amenazado con tomarse las
poblaciones de Zambrano, Córdoba y Carmen de Bolívar, pensaron que el
helicóptero era de la guerrilla y algo malo iba a pasar, estaban equivocados en
lo primero pero en lo segundo no.
En
una entrevista en marzo de 2000 con el periodista Darío Arismendi director del
programa de televisión Cara a Cara del Canal Caracol, Carlos Castaño máximo
jefe de las autodefensas, trató de justificar esta masacre de campesinos
argumentando que el guía de la
incursión paramilitar y acusador de las víctimas fue Emmanuel Ortiz, ex-segundo
comandante del frente 37 de las FARC
quien desertó con quince de sus hombres y se unió al bloque norte de las
autodefensas.[2]
“A
mí me duelen cosas como lo que se presentó en Bolívar, yo quiero decirle al
país que mi ética no concibe acabar con la vida de otra persona. Déjeme
contarle que sucede allí, es una guerrilla de medio tiempo, una guerrilla
virtual que esta en la tarde y en la noche duerme como campesinos, existen un
día como guerrilleros y al día siguiente son campesinos. El segundo comandante
de ese frente Emmanuel Ortiz desertó por un problema interno, estuvo a punto de
ser fusilado, se presentó con quince hombres, consultan conmigo, es así como
esta misma persona dirigió la incursión al Salado y Córdoba en el departamento
de Bolívar, se encontró la guerrilla se combatió, el mismo caballero llamó a
pedir auxilio a algunas emisoras y a la Cruz Roja Internacional, posterior a
esto optan por crear un éxodo campesino, se camuflan dentro de ese éxodo para
abandonar la zona de guerra como campesinos, los quince guerrilleros
desertores identificaron quienes eran
guerrilleros y quienes no lo eran, era perfectamente fácil”.
La
zona rural de Ovejas era un escenario de muerte y guerra, al mismo tiempo que
los hombres de Carlos Castaño incursionaban en los pequeños caseríos, cerca de
allí guerrilleros del frente 37 de las FARC combatían con otro frente de las
autodefensas, los combates duraron tres días y ocasionarían la muerte de un
gran numero de insurgentes y
paramilitares, un éxodo masivo de campesinos se generó hacía el
municipio de Ovejas.
Comunicación
interceptada a Martín Caballero el 19 de febrero de 2000 a las 5 30 PM:
-NN: “Aló a los últimos
enfrentamientos allá con las
autodefensas y ustedes que la gente piensa que esta exagerado ahí o han sido
así de duros como dice”.
-MC: “No.
No ahí sobre esa área desplazamos tres compañías ahí, a la confrontación y se
dio como 72 horas ahí de confrontación”.
-NN: “Y si, si cua... y hubo muertos del enemigo”.
-MC: “Si de los
paramilitares ahí quedamos con 27 cuerpos por ahí tenemos los documentos, gente
del valle de upar gente de una parte, gente de la otra he”.
-NN: “Y, y esos cuerpos quedaron en donde”.
-MC: “Esos están ahí”.
-NN: “Pero más o menos en que área”.
-MC:
“Están en todo
el área del Salado, la Sierra, Canutalito, por esa área entonces me cuentan ahí
los muchachos que están ahí, sobre esa área más o menos la cuestión de los
acontecimientos no eso prácticamente está ahí eso está regado ahí en el área
por ahí se recuperó material de guerra, material de intendencia
Para
completar el panorama treinta guerrilleros del ERP- Ejercito Revolucionario del
Pueblo- realizaron un reten ilegal en la troncal del oriente entre los
municipios de San Onofre y María la Baja donde secuestraron a diez personas,
robaron cuatro vehículos y quemaron una tracto mula. Entre Ovejas y Chalán las
FARC montaron otro reten ilegal que duro poco tiempo por la reacción rápida de
las tropas de la Infantería de Marina acantonadas en la zona.
Los
caseríos atacados por las autodefensas ilegales, están en un área donde todos
los grupos al margen de la ley, tratan de legitimar su presencia con la
intimidación de los pobladores. Quinientos guerrilleros de los frentes 35 y 37
de las FARC, cien del ELN, sesenta del ERP y cerca de treinta hombres de las
autodefensas. Todos por igual perturbaban la tranquilidad de una región
semi-selvática, con topografía quebrada y escasas vías de comunicación.
Era
una pelea de todos contra todos, en años anteriores a los hechos que nos ocupan
guerrilleros de las FARC asesinaron a miembros del ELN y el ERP, después de
realizarles “juicios populares”. De esas peleas entre guerrilleros, se
beneficiaron las autodefensas que llevaron a sus filas
guerrilleros y los utilizaron como informantes, que con sus acusaciones
ayudaron a cegar la vida de inocentes y no inocentes los fatídicos 16 y 17 de
febrero de 2000.
2
ACORDEONES SINIESTROS
El
corregimiento del Salado esta ubicado
en la zona oriental de los Montes de María, administrativamente pertenece al
municipio del Carmen de Bolívar y es una de las principales despensas de la
zona con una gran producción de maíz, ajonjolí, yuca, ñame y tabaco; su principal
producto. En la cabecera municipal vivían en el 2000 cerca de seis mil personas
que contaban con tres escuelas, una iglesia, un centro de salud y servicios
públicos domiciliarios, un lujo que no se daban muchos poblados en esta zona.
Pero no era un pueblo donde reinara la tranquilidad, la salida de la policía en
1996 después de varios ataques de las FARC
convirtió al poblado en lugar de paso y abastecimiento de la guerrilla.
El 24 de marzo de 1997 las autodefensas incursionaron por primera vez en el caserío matando a cuatro personas,
cerca de ochocientas familias se desplazaron y solo regresaron cuatro meses
después. Nunca pensaron que tres años
después, los hombres de Castaño
regresarían pero esta vez para acabar con todo.
De
Canutalito salieron las autodefensas ilegales la noche del 17 de febrero y el
18 en las primeras horas de la mañana llegaron al corregimiento del Salado,
minutos antes se encontraron en la carretera con un campero que se dirigía
al Carmen de Bolívar con varios
labriegos.
Wilfrido
Barrios Parra llevaba mes y medio trabajando en Él Salado, vivía en el Carmen
de Bolívar con su esposa y sus tres hijos, a sus treinta y seis años ya no
conseguía empleo con tanta facilidad a pesar de ser uno de los mejores
ebanistas de la zona. Cuando le ofrecieron un contrato para pulir algunas
puertas y renovar varios techos y
cielos rasos en él Salado. Aceptó de inmediato, viajaba todos los sábados para
estar con su familia pero ese viernes 18 de febrero adelantó el viaje porque se
le acabaron los materiales y necesitaba hacer pedido para poder trabajar el
lunes, muy temprano tomó uno de los camperos de ruta y se dirigió al Carmen,
iba feliz en poco tiempo se reuniría con su familia32.
Como
compañero de viaje de Wilfrido iba Carlos Eduardo Díaz, un albañil de 36 años
casado y con tres hijos, él llegó al Salado dos días antes, trabajó reparando
algunos cielorrasos y con la paga compró algunos bultos de ñame y yuca que
vendería en la plaza de mercado del Carmen de Bolívar para incrementar sus ganancias33. A menos de dos kilómetros del
corregimiento los camperos fueron detenidos por el comando armado, Wilfrido y
Carlos murieron baleados, no los dejaron seguir para que no avisaran de su
presencia a las autoridades.
Con
el camino libre los hombres de Castaño ingresaron al Salado, los ex
guerrilleros que los acompañaban repitieron su tarea, casa por casa abrieron a
patadas las puertas señalando a quienes según ellos eran milicianos,
guerrilleros y auxiliadores de la guerrilla. Uno a uno fueron sacados con sus
familias y llevados a la cancha de baloncesto del caserío, sin saber para qué
era, los asustados labriegos vieron una larga mesa con una toalla encima
en la mitad de la cancha.
Ermides
Cohen Torres llevaba tres días trabajando en su parcela de maíz, esa mañana
trabajó un rato y regresó a atizar el fogón de leña para ayudar a preparar el
desayuno, en eso estaba cuando escuchó un fuerte golpe en la puerta, esta se
abrió y dos hombres armados lo sacaron a empellones junto a su esposa y a sus tres
hijos a la calle, lo llevaron a la cancha donde ya tenían cerca de veinte personas haciendo fila34, lo peor estaba por venir.
En
una actitud horrenda, uno de los hombres que comandaba el grupo armado ordenó a varios de sus hombres bajar
de los vehículos el acordeón y los tambores que traían para que empezaran a
tocar. Las personas que estaban en la fila pensaron que iban a presenciar una
parranda vallenata, no era así, lo que venía era una parranda de muerte.
A
las personas en la fila las obligaron bailar dos discos y luego una a una las
acostaron a la fuerza sobre la mesa instalada en la cancha, con machetes y
cuchillos de los que se usan en famas y carnicerías, les mocharon la cabeza,
las manos y las piernas. Los gritos infrahumanos de las víctimas eran ahogados
por los acordes del grupo vallenato, ríos de ron se perdían en las gargantas de
los asesinos que celebraban el acto como si estuvieran cortando la carne de una
res para un asado.
Luis
Pablo Redondo Torres, Rosmira Torres Gamarra, Justiniano Pedraza Teherán,
Freddy Montes Arrieta, Jairo Galvis Garrido, Dora Torres Ribero, Víctor Arias,
José Manuel Tapias Arias, Margoth Fernández Arias, Nidia Contreras, Ellen
Arrieta Martínez, Nelvis Judith Arrieta, Oscar Antonio Mesa Torres, Marco José
Caro Toretes, Roberto Madrid Rodríguez, Saulo Navas Alvis, Alejandro Alvis
Madrid, Emiro Cohen Torres, Libardo Rafael Trejos Garrido, Enrique Medina Rico,
Francisca Cabrera de Paternina y Rogelio Ramos Olivera, fueron cercenados en la
mesa del horror, después de cada decapitada los asesinos limpiaban los
cuchillos y machetes con la toalla que de blanca pasó al rojo intenso del
holocausto.
Ermides
Cohen era el siguiente en la fila, uno de los asesinos lo cogió del pelo. “Lo
cogió del moño y preguntó quien quería suplicar por su vida, su esposa rompió
en llanto y dijo yo, no me lo maten es mi esposo. El criminal con una burlona sonrisa dijo señora retírese
que mire como estamos untados de sangre y de pronto se unta. Sacó una pistola
del bolsillo y le pegó un tiro en la cabeza delante de los tres niños”35.
El
siguiente en la fila era Elíseo Torres Sierra, inexplicablemente le dijeron que
se fuera para su casa y no saliera. Mientras el agricultor de 65 años se
dirigía a su rancho con una sensación de miedo y alegría, los asesinos
terminaron su orgía de sangre al
amanecer del sábado 19 de febrero atravesando los cuerpos mutilados con
gruesas varillas de hierro, luego salieron del caserío pero no se fueron la
barbarie aun no había terminado.
Pensando
que todo había pasado Eliseo Torres hizo lo que le dijeron que no hiciera,
salió con su hijo Eduardo Torres Pérez de 26 años a recoger las trazas de maíz de su parcela, tenía la idea de
llevarse el maíz, su familia y sus cosas y no volver jamás. Fue una mala
decisión los hombres de Castaño lo sorprendieron en el cultivo y esta vez no le
perdonaron la vida, a su hijo tampoco. A los dos les introducieron palos en sus
fosas nasales, con varillas atravesaron sus cuellos y finalmente los
decapitaron36. Igual suerte corrieron Edgar Cohen Castillo
de 19 años, Osmedis Cohen Sierra de 18; y Edwin Cohen Sierra de 13, quienes
salieron al campo a ver que pasó con los animales y encontraron la muerte.
Finalmente los asesinos se fueron.
Apenas
se fueron los asesinos los pobladores envolvieron en sabanas los cuerpos de sus
seres queridos y los llevaron para sus casas,
los que no tenían familiares fueron enterrados en varias fosas comunes
cavadas en un lote baldío, un sentimiento de rabia y dolor se apoderó de
quienes escaparon al ataque pero no a la tristeza de ver muertos a los suyos.
“Dios
se encarga de cobrarles lo que hicieron, él da la llaga y da la cura”.
“A
esos tipos de vestio pintao y cara tapá, mi Dios les hará cuentas”.
“Hay
Dios mío, no tengo palabras, solo hay tristeza y rabia en mi corazón”
“En
mi mente sólo está el momento en que entraron a mi casa y revolvieron todo,
despedazaron la cocina, me sacaron del pelo y yo me arrastraba sobre el aceite
y el arroz derramado, no pisaba tierra por que estaba parada sobre la comida
mientras suplicaba por la vida de mi esposo”.
“No
dieron tiempo de recoge nada, todo se perdió, mis hijos y yo quedamos
desamparados”.
“Me
mataron mi marido y se comieron la marrana, es que son unos desgraciaos”.
“Fue
muy triste y lo es porque avenido a la muerte e mi hermano mi cuñada se
enfermo, perdió la cabeza y ocho meses después murió de un infarto, los pelaos
de ellos no sé dónde están. Yo hice lo que puede”.
“Uno
se conforma con el sufrimiento, es una tristeza grande, de allá mi hermano me
traía cada ocho días que una patilla, que un pedazo de ñame o yuca, un poquito
de cada cosa que cultivaba, ahora me toca visitar lo que quedo de él en el cementerio”.
“Que
puedo hacer yo, que Dios Haga todo”.
Son
los testimonios de algunos familiares de las víctimas dos años después de la
masacre, solo hasta ahora planean regresar empujados por la necesidad pero
están temerosos.
“Vamos
a regresar porque no tenemos donde vivir, se me acabó la plata y debo el
arriendo de cinco meses, no tenemos ayuda de nadie, el gobierno prometió mucho
pero solo nos han dado pendejaditas, yo debo todavía la tumba de mi hermano”.
“Quiero
regresar pero me da temor y me da tristeza por que el ya no esta, era mi único
hermano varón que tenía, quien me va a proteger ahora”.
“Los
obligaron a bailar en parejas antes de matarlos, tocaban tambores y acordeones,
los mataron de todas las formas, a golpes, cuchilladas, decapitados, como
cayera, si yo regreso de pronto me hacen lo mismo.”
Al
día siguiente a la salida de los hombres de Castaño llegó el CTI de la fiscalía
para adelantar el levantamiento de los cadáveres, en su camino encontraron los
cuerpos de varias personas que fueron devorados por los goleros37. En el
pueblo y con la ayuda de los familiares de las víctimas que llegaron del Carmen de Bolívar empezaron
el levantamiento de los cadáveres. “Busque su muerto y se lo lleva, si no es el
suyo no se lo lleve”. Le dijo trastornado por la cantidad de víctimas un
funcionario del CTI a una viuda que
reconoció su esposo por la ropa y unas cicatrices en el pecho, no podía de otra
forma, las cabezas estaban revueltas.
Al
cementerio del Carmen de Bolívar llegaron los cuerpos de veintiséis víctimas
según contó Miguel Arroyo, el sepulturero voluntario desde hace once años, - no
recibe sueldo del municipio, vive de las monedas que le dan los dolientes
cuando visitan sus muertos.- Miguel dijo que en toda su vida nunca había visto
una escena tan macabra.
“El
primer día llegaron tres, luego dos, uno,
siete hasta completar veintiséis, los traían en burro, caballo o mulo
porque los carros no querían ir al Salado, llegaban envueltos en plásticos y
olían mal por el calor. Estaban con la cabeza mocha, algunos no traían brazos”38.
Ni
muertos se alejaron de las injusticias de este mundo, veinte de los veintiséis
cuerpos llevados al Carmen de Bolívar, no tuvieron una sepultura digna, sus
familiares no tenían con que pagar la tumba, eran setenta mil pesos por el
alquiler de un año y tenían que pagar mínimo dos, mas la tapa y otras arandelas
que sumaban doscientos mil pesos. Faltaba plata y los cuerpos descompuestos
tirados en la puerta del cementerio amenazaban con generar una epidemia. La
decisión fue dolorosa pero practica, los
enterraron en los corredores de tierra que había entre las bóvedas y en
los rincones del cementerio donde se botaba la basura, sin derecho a una cruz o
una lapida que identificara la tumba, para que la gente no se sintiera mal
cuando caminara encima de ellos.
[1] Según el testimonio entregado las autoridades por uno de los labriegos que se salvó de morir.
[2] Apartes de la entrevista donde Carlos Castaño se refiere al salado
32 Según lo contó Mirta López esposa de Wilfrido Barrios.
33 Según la narración de Hilda Teresa Ortega, mamá de Carlos Eduardo Díaz Ortega.
34 Según contó Mayte Cohen, hermana de Hermides Cohen Torres.
35 Según el testimonio de su hermana Mayte Cohen.
36 Según el testimonio de un familiar.
37 Aves de rapiña mas conocidas como gallinazos








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