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martes, 24 de abril de 2012

LA MELODIA DE LA MUERTE

                                                           1
                                                                  EL SALAO
                        EL RECORRIDO DE LA MUERTE

  Los veinticuatro kilómetros que separan los municipios de Zambrano y Córdoba en el departamento de Bolívar están unidos por un molde curvilíneo y sinuoso al que todos llaman carretera.  Es un camino estrecho, polvoriento  y empedrado  que corre casi paralelo al río Magdalena, una zona donde la belleza natural invitaría a muchos foráneos a pasear por sus parajes,  pero un reto diario para sus moradores permanentes por la falta de oportunidades.

La madrugada del miércoles 16 de febrero de 2000 un campero se deslizaba presuroso por esa cinta bordeada de hierva y piedra tratando de ganar su destino antes que el amarillento firmamento, liberara el incesante sol que convertía en minutos el arcilloso suelo en una caldera sofocante. En el vehículo dos hombres entre dormidos perdían su mirada en el paisaje salpicado por rojizas casas hechas de barro y cientos  de cabezas de ganado. La tranquila contemplación fue interrumpida abruptamente, en un recodo del camino un grupo de hombres con brazaletes negros y las iniciales AUC en tinta blanca, aparecieron armados de fusiles apuntando al parabrisas del vehículo, no hubo dialogo, ni preguntas o explicaciones, en menos dos minutos los asustados viajeros fueron sacados a empellones y tirados al camino, una ráfaga de fusil acabó con sus vidas mientras sus asesinos partían en el vehículo por una trocha que se perdía en la montaña, necesitaban un carro conocido en la zona para no levantar sospechas.

Horas más tardes en ese vehículo y en otros traídos en la noche del departamento del Magdalena, trescientos hombres de las Autodefensas Unidas de Colombia al mando de José Barrera alias “Chepe” y Rodrigo Peluffo Méndez alias “Cadena”, que llegaron desde Córdoba y Magdalena, empezaron un recorrido que llenaría de dolor y desplazamiento los corregimientos y caseríos del municipio de Ovejas en el departamento de Sucre.

El grupo armado guiado por cuatro ex guerrilleros del frente 37 de las FARC que se unieron a las autodefensas, llegó sorpresivamente a las veredas de San Rafael, San Pedrito  y el corregimiento de Flor del Monte, caseríos de humildes agricultores, donde los ex miembros de la guerrilla señalaron  a varios labriegos como guerrilleros y milicianos[1]. Moisés Gutiérrez, Antonio Martínez Montes, Amaury José Martínez, Jorge Mercado Olivera, Félix Pérez, Miguel Martínez Narváez, Marcos Díaz, Jorge Mercado Vergara, Benjamín González, Miguel Montes, Luis Peña Salcedo y Juan González fueron asesinados a bala delante de sus familias.

Un helicóptero Bell Ránger de color azul y blanco, artillado y sin matricula, perteneciente a las autodefensas ilegales, sobrevoló el corregimiento del Salado y el municipio de Córdoba en Bolívar, A  las doce y veinticinco minutos del medio día el aparato fue detectado por tropas de la Infantería de Marina que lo impactaron desde tierra y con el apoyo de un avión de la Fuerza Aérea lo obligaron a aterrizar en un paraje rural cerca de Plato Magdalena, los  ocupantes se dieron a la fuga y  los pilotos de la FAC inutilizaron el aparato bombardeándolo.

Él sobrevuelo del helicóptero generó pánico entre los pobladores del municipio de Córdoba, en la escuela y el colegio suspendieron las clases antes de la hora normal, varios pobladores cerraron sus casas con candado y se fueron en busca de refugio, tenían miedo porque la guerrilla había amenazado con tomarse las poblaciones de Zambrano, Córdoba y Carmen de Bolívar, pensaron que el helicóptero era de la guerrilla y algo malo iba a pasar, estaban equivocados en lo primero pero en lo segundo no.

 Después de asesinar a los doce campesinos en Flor del Monte, el grupo armado se internó en la montaña rumbo a los corregimientos de Canutal y Canutalito para continuar con su escalada de muerte, la tarde y noche del 16 de febrero y la mañana del día 17 fueron manchadas con sangre por los trescientos hombres de las AUC  que asesinaron a todo aquel que se cruzaba en su camino, conductores de jeep, labriegos, amas de casa y baquianos cayeron víctimas de los señalamientos de los exguerrilleros y por las balas de esos emisarios de la muerte, doce cuerpos sin vida quedaron como testimonio de la sin razón allí vivida. Dairo de Jesús González Olivera, Emiro Castillo Castilla, Rafael Núñez Acosta,  Ever  Acosta, Jhon Acosta, Giovanni Núñez, David Núñez, Julio Cesar Díaz Martínez, Elsy Méndez, Edilberto Sierra Mena, Nelson Torres y  José Manuel Ortega murieron en sus parcelas acusados de ser guerrilleros, sin derecho a la defensa y sentenciados por quienes no tenían autoridad para hacerlo. 

En una entrevista en marzo de 2000 con el periodista Darío Arismendi director del programa de televisión Cara a Cara del Canal Caracol, Carlos Castaño máximo jefe de las autodefensas, trató de justificar esta masacre de campesinos argumentando  que el guía de la incursión paramilitar y acusador de las víctimas fue Emmanuel Ortiz, ex-segundo comandante del frente 37 de las FARC  quien desertó con quince de sus hombres y se unió al bloque norte de las autodefensas.[2]

“A mí me duelen cosas como lo que se presentó en Bolívar, yo quiero decirle al país que mi ética no concibe acabar con la vida de otra persona. Déjeme contarle que sucede allí, es una guerrilla de medio tiempo, una guerrilla virtual que esta en la tarde y en la noche duerme como campesinos, existen un día como guerrilleros y al día siguiente son campesinos. El segundo comandante de ese frente Emmanuel Ortiz desertó por un problema interno, estuvo a punto de ser fusilado, se presentó con quince hombres, consultan conmigo, es así como esta misma persona dirigió la incursión al Salado y Córdoba en el departamento de Bolívar, se encontró la guerrilla se combatió, el mismo caballero llamó a pedir auxilio a algunas emisoras y a la Cruz Roja Internacional, posterior a esto optan por crear un éxodo campesino, se camuflan dentro de ese éxodo para abandonar la zona de guerra como campesinos, los quince guerrilleros desertores  identificaron quienes eran guerrilleros y quienes no lo eran, era perfectamente fácil”.
         
 La zona rural de Ovejas era un escenario de muerte y guerra, al mismo tiempo que los hombres de Carlos Castaño incursionaban en los pequeños caseríos, cerca de allí guerrilleros del frente 37 de las FARC combatían con otro frente de las autodefensas, los combates duraron tres días y ocasionarían la muerte de un gran numero de insurgentes y  paramilitares, un éxodo masivo de campesinos se generó hacía el municipio de Ovejas.


Comunicación interceptada a Martín Caballero el 19 de febrero de 2000 a las  5 30 PM:


-NN:                           “Aló a los últimos enfrentamientos  allá con las autodefensas y ustedes que la gente piensa que esta exagerado ahí o han sido así de duros como dice”.

-MC:                           “No. No ahí sobre esa área desplazamos tres compañías ahí, a la confrontación y se dio como 72 horas ahí de confrontación”.

-NN:               “Y si, si cua... y hubo muertos del enemigo”.

-MC:                           “Si de los paramilitares ahí quedamos con 27 cuerpos por ahí tenemos los documentos, gente del valle de upar gente de una parte, gente de la otra he”.

-NN:               “Y, y esos cuerpos quedaron en donde”.

-MC:              “Esos están ahí”.

-NN:               “Pero más o menos en que área”.

-MC:                           “Están en todo el área del Salado, la Sierra, Canutalito, por esa área entonces me cuentan ahí los muchachos que están ahí, sobre esa área más o menos la cuestión de los acontecimientos no eso prácticamente está ahí eso está regado ahí en el área por ahí se recuperó material de guerra, material de intendencia

Para completar el panorama treinta guerrilleros del ERP- Ejercito Revolucionario del Pueblo- realizaron un reten ilegal en la troncal del oriente entre los municipios de San Onofre y María la Baja donde secuestraron a diez personas, robaron cuatro vehículos y quemaron una tracto mula. Entre Ovejas y Chalán las FARC montaron otro reten ilegal que duro poco tiempo por la reacción rápida de las tropas de la Infantería de Marina acantonadas en la zona.          

Los caseríos atacados por las autodefensas ilegales, están en un área donde todos los grupos al margen de la ley, tratan de legitimar su presencia con la intimidación de los pobladores. Quinientos guerrilleros de los frentes 35 y 37 de las FARC, cien del ELN, sesenta del ERP y cerca de treinta hombres de las autodefensas. Todos por igual perturbaban la tranquilidad de una región semi-selvática, con topografía quebrada y escasas vías de comunicación.

Era una pelea de todos contra todos, en años anteriores a los hechos que nos ocupan guerrilleros de las FARC asesinaron a miembros del ELN y el ERP, después de realizarles “juicios populares”. De esas peleas entre guerrilleros, se beneficiaron las autodefensas que  llevaron  a sus filas  guerrilleros y los utilizaron como informantes, que con sus acusaciones ayudaron a cegar la vida de inocentes y no inocentes los fatídicos 16 y 17 de febrero de 2000.


                                                 


                                                                 2

                                         ACORDEONES SINIESTROS


El corregimiento del  Salado esta ubicado en la zona oriental de los Montes de María, administrativamente pertenece al municipio del Carmen de Bolívar y es una de las principales despensas de la zona con una gran producción de maíz, ajonjolí, yuca, ñame y tabaco; su principal producto. En la cabecera municipal vivían en el 2000 cerca de seis mil personas que contaban con tres escuelas, una iglesia, un centro de salud y servicios públicos domiciliarios, un lujo que no se daban muchos poblados en esta zona. Pero no era un pueblo donde reinara la tranquilidad, la salida de la policía en 1996 después de varios ataques de las FARC  convirtió al poblado en lugar de paso y abastecimiento de la guerrilla. El 24 de marzo de 1997 las autodefensas incursionaron por primera vez  en el caserío matando a cuatro personas, cerca de ochocientas familias se desplazaron y solo regresaron cuatro meses después.  Nunca pensaron que tres años después, los hombres de Castaño  regresarían pero esta vez para acabar con todo.
De Canutalito salieron las autodefensas ilegales la noche del 17 de febrero y el 18 en las primeras horas de la mañana llegaron al corregimiento del Salado, minutos antes se encontraron en la carretera con un campero que se dirigía al  Carmen de Bolívar con varios labriegos.

Wilfrido Barrios Parra llevaba mes y medio trabajando en Él Salado, vivía en el Carmen de Bolívar con su esposa y sus tres hijos, a sus treinta y seis años ya no conseguía empleo con tanta facilidad a pesar de ser uno de los mejores ebanistas de la zona. Cuando le ofrecieron un contrato para pulir algunas puertas y  renovar varios techos y cielos rasos en él Salado. Aceptó de inmediato, viajaba todos los sábados para estar con su familia pero ese viernes 18 de febrero adelantó el viaje porque se le acabaron los materiales y necesitaba hacer pedido para poder trabajar el lunes, muy temprano tomó uno de los camperos de ruta y se dirigió al Carmen, iba feliz en poco tiempo se reuniría con su familia32.

Como compañero de viaje de Wilfrido iba Carlos Eduardo Díaz, un albañil de 36 años casado y con tres hijos, él llegó al Salado dos días antes, trabajó reparando algunos cielorrasos y con la paga compró algunos bultos de ñame y yuca que vendería en la plaza de mercado del Carmen de Bolívar para incrementar sus ganancias33. A menos de dos kilómetros del corregimiento los camperos fueron detenidos por el comando armado, Wilfrido y Carlos murieron baleados, no los dejaron seguir para que no avisaran de su presencia a las autoridades.

Con el camino libre los hombres de Castaño ingresaron al Salado, los ex guerrilleros que los acompañaban repitieron su tarea, casa por casa abrieron a patadas las puertas señalando a quienes según ellos eran milicianos, guerrilleros y auxiliadores de la guerrilla. Uno a uno fueron sacados con sus familias y llevados a la cancha de baloncesto del caserío, sin saber para qué era, los asustados labriegos vieron una larga mesa con una toalla encima en  la mitad de la cancha.
  
Ermides Cohen Torres llevaba tres días trabajando en su parcela de maíz, esa mañana trabajó un rato y regresó a atizar el fogón de leña para ayudar a preparar el desayuno, en eso estaba cuando escuchó un fuerte golpe en la puerta, esta se abrió y dos hombres armados lo sacaron a empellones junto a su esposa y a sus tres hijos a la calle, lo llevaron a la cancha donde ya tenían  cerca de veinte personas haciendo fila34, lo peor estaba por venir.

En una actitud horrenda, uno de los hombres que comandaba el grupo  armado ordenó a varios de sus hombres bajar de los vehículos el acordeón y los tambores que traían para que empezaran a tocar. Las personas que estaban en la fila pensaron que iban a presenciar una parranda vallenata, no era así, lo que venía era una parranda de muerte.
A las personas en la fila las obligaron bailar dos discos y luego una a una las acostaron a la fuerza sobre la mesa instalada en la cancha, con machetes y cuchillos de los que se usan en famas y carnicerías, les mocharon la cabeza, las manos y las piernas. Los gritos infrahumanos de las víctimas eran ahogados por los acordes del grupo vallenato, ríos de ron se perdían en las gargantas de los asesinos que celebraban el acto como si estuvieran cortando la carne de una res para un asado.

Luis Pablo Redondo Torres, Rosmira Torres Gamarra, Justiniano Pedraza Teherán, Freddy Montes Arrieta, Jairo Galvis Garrido, Dora Torres Ribero, Víctor Arias, José Manuel Tapias Arias, Margoth Fernández Arias, Nidia Contreras, Ellen Arrieta Martínez, Nelvis Judith Arrieta, Oscar Antonio Mesa Torres, Marco José Caro Toretes, Roberto Madrid Rodríguez, Saulo Navas Alvis, Alejandro Alvis Madrid, Emiro Cohen Torres, Libardo Rafael Trejos Garrido, Enrique Medina Rico, Francisca Cabrera de Paternina y Rogelio Ramos Olivera, fueron cercenados en la mesa del horror, después de cada decapitada los asesinos limpiaban los cuchillos y machetes con la toalla que de blanca pasó al rojo intenso del holocausto. 

Ermides Cohen era el siguiente en la fila, uno de los asesinos lo cogió del pelo. “Lo cogió del moño y preguntó quien quería suplicar por su vida, su esposa rompió en llanto y dijo yo, no me lo maten es mi esposo. El criminal  con una burlona sonrisa dijo señora retírese que mire como estamos untados de sangre y de pronto se unta. Sacó una pistola del bolsillo y le pegó un tiro en la cabeza delante de los tres niños”35.

El siguiente en la fila era Elíseo Torres Sierra, inexplicablemente le dijeron que se fuera para su casa y no saliera. Mientras el agricultor de 65 años se dirigía a su rancho con una sensación de miedo y alegría, los asesinos terminaron su orgía de sangre al  amanecer del sábado 19 de febrero atravesando los cuerpos mutilados con gruesas varillas de hierro, luego salieron del caserío pero no se fueron la barbarie aun no había terminado.

Pensando que todo había pasado Eliseo Torres hizo lo que le dijeron que no hiciera, salió con su hijo Eduardo Torres Pérez de 26 años  a recoger las trazas de maíz de su parcela, tenía la idea de llevarse el maíz, su familia y sus cosas y no volver jamás. Fue una mala decisión los hombres de Castaño lo sorprendieron en el cultivo y esta vez no le perdonaron la vida, a su hijo tampoco. A los dos les introducieron palos en sus fosas nasales, con varillas atravesaron sus cuellos y finalmente los decapitaron36.  Igual suerte corrieron Edgar Cohen Castillo de 19 años, Osmedis Cohen Sierra de 18; y Edwin Cohen Sierra de 13, quienes salieron al campo a ver que pasó con los animales y encontraron la muerte. Finalmente los asesinos se fueron.

Apenas se fueron los asesinos los pobladores envolvieron en sabanas los cuerpos de sus seres queridos y los llevaron para sus casas,  los que no tenían familiares fueron enterrados en varias fosas comunes cavadas en un lote baldío, un sentimiento de rabia y dolor se apoderó de quienes escaparon al ataque pero no a la tristeza de ver muertos a los suyos.

“Dios se encarga de cobrarles lo que hicieron, él da la llaga y da la cura”.

“A esos tipos de vestio pintao y cara tapá, mi Dios les hará cuentas”.

“Hay Dios mío, no tengo palabras, solo hay tristeza y rabia en mi corazón”

“En mi mente sólo está el momento en que entraron a mi casa y revolvieron todo, despedazaron la cocina, me sacaron del pelo y yo me arrastraba sobre el aceite y el arroz derramado, no pisaba tierra por que estaba parada sobre la comida mientras suplicaba por la vida de mi esposo”.

“No dieron tiempo de recoge nada, todo se perdió, mis hijos y yo quedamos desamparados”.

“Me mataron mi marido y se comieron la marrana, es que son unos desgraciaos”.

“Fue muy triste y lo es porque avenido a la muerte e mi hermano mi cuñada se enfermo, perdió la cabeza y ocho meses después murió de un infarto, los pelaos de ellos no sé dónde están. Yo hice lo que puede”.

“Uno se conforma con el sufrimiento, es una tristeza grande, de allá mi hermano me traía cada ocho días que una patilla, que un pedazo de ñame o yuca, un poquito de cada cosa que cultivaba, ahora me toca visitar  lo que quedo de él en el cementerio”.

“Que puedo hacer yo, que Dios Haga todo”.

Son los testimonios de algunos familiares de las víctimas dos años después de la masacre, solo hasta ahora planean regresar empujados por la necesidad pero están temerosos.

“Vamos a regresar porque no tenemos donde vivir, se me acabó la plata y debo el arriendo de cinco meses, no tenemos ayuda de nadie, el gobierno prometió mucho pero solo nos han dado pendejaditas, yo debo todavía la tumba de mi hermano”.

“Quiero regresar pero me da temor y me da tristeza por que el ya no esta, era mi único hermano varón que tenía, quien me va a proteger ahora”.

“Los obligaron a bailar en parejas antes de matarlos, tocaban tambores y acordeones, los mataron de todas las formas, a golpes, cuchilladas, decapitados, como cayera, si yo regreso de pronto me hacen lo mismo.”

Al día siguiente a la salida de los hombres de Castaño llegó el CTI de la fiscalía para adelantar el levantamiento de los cadáveres, en su camino encontraron los cuerpos de varias personas que fueron devorados por  los goleros37. En el pueblo y con la ayuda de los familiares de las víctimas  que llegaron del Carmen de Bolívar empezaron el levantamiento de los cadáveres. “Busque su muerto y se lo lleva, si no es el suyo no se lo lleve”. Le dijo trastornado por la cantidad de víctimas un funcionario del CTI  a una viuda que reconoció su esposo por la ropa y unas cicatrices en el pecho, no podía de otra forma, las cabezas estaban revueltas.

Al cementerio del Carmen de Bolívar llegaron los cuerpos de veintiséis víctimas según contó Miguel Arroyo, el sepulturero voluntario desde hace once años, - no recibe sueldo del municipio, vive de las monedas que le dan los dolientes cuando visitan sus muertos.- Miguel dijo que en toda su vida nunca había visto una escena tan macabra.

“El primer día llegaron tres, luego dos, uno,  siete hasta completar veintiséis, los traían en burro, caballo o mulo porque los carros no querían ir al Salado, llegaban envueltos en plásticos y olían mal por el calor. Estaban con la cabeza mocha, algunos no traían brazos”38.

Ni muertos se alejaron de las injusticias de este mundo, veinte de los veintiséis cuerpos llevados al Carmen de Bolívar, no tuvieron una sepultura digna, sus familiares no tenían con que pagar la tumba, eran setenta mil pesos por el alquiler de un año y tenían que pagar mínimo dos, mas la tapa y otras arandelas que sumaban doscientos mil pesos. Faltaba plata y los cuerpos descompuestos tirados en la puerta del cementerio amenazaban con generar una epidemia. La decisión fue dolorosa pero practica, los  enterraron en los corredores de tierra que había entre las bóvedas y en los rincones del cementerio donde se botaba la basura, sin derecho a una cruz o una lapida que identificara la tumba, para que la gente no se sintiera mal cuando caminara encima de ellos.
          

[1] Según el testimonio entregado  las autoridades por uno de los labriegos que se salvó de morir.
[2] Apartes de la entrevista donde Carlos Castaño se refiere al salado
32 Según lo contó Mirta López esposa de Wilfrido Barrios.
33 Según la narración de Hilda Teresa Ortega, mamá de Carlos Eduardo Díaz Ortega.
34 Según contó Mayte Cohen, hermana de Hermides Cohen Torres.
35 Según el testimonio de su hermana Mayte Cohen.
36 Según el testimonio de un familiar.
37 Aves de rapiña mas conocidas como gallinazos        
                 

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