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sábado, 21 de abril de 2012

MUCHA COCA POCA PLATA






                                                 LA HOJA MALDITA



Nadie entiende por qué, pero al Charco Nariño lo han intentado borrar del mapa varias veces... en tres ocasiones fueron los embates de la naturaleza y hace muy poco la demencia de los terroristas del frente 29 de las FARC ( lo de terroristas no lo digo yo ... lo dice la unión europea que la tiene incluida en su lista de grupos terrorista del mundo al lado de Euskadi Ta Askatasuna (ETA) y Al Q-eda. Eso me quita toda responsabilidad)- que desplazó su población rural hacia el sofocante y ya atestado casco urbano buscando evitar que la Infantería de Marina acabara con su lucrativo negocio de cultivo y chagreo de la hoja de coca. Negocio que llegó a estas tierras del pacifico nariñense a finales del año 2000, cuando los narcotraficantes, raspachines y chagregos, salieron del departamento de Putumayo ante el “acoso” de la fuerza pública.

Desde 1906 cuando un maremoto “visitó” El Charco y lo destruyó casi por completo, a sus pobladores se les despertó una devoción  infinita por su santo patrono San Juan Bautista... en ese año lo colocaron a orillas del río para que los salvara del siniestro que se estaba presentando.

En 1953 la tragedia volvió  a tocar a la puerta, un voraz incendio atentó contra la población destruyéndola en un 95%, en ese entonces El Charco era un corregimiento del municipio de Iscuandé, San Juan Bautista fue nuevamente el santo que protegió muchas vidas y les dio la fe necesaria, para reconstruir el pueblo. Sus pobladores la mayoría afrodescientes, indígenas y algunos colonos       (paisas tratando de hacer empresa) lucharon por seguir adelante.

Pero ahí no terminaron las tragedias ni los malos augurios...  una disputa entre pobladores y sacerdotes carmelitas dio lugar a una particular situación. Por siempre San Juan Bautista fue centro de fe, pero cuando El Charco se convirtió en municipio en 1967, la situación cambio. Los pobladores pidieron conservar el nombre de toda la vida pero los carmelitas lo querían llamar San Juan Bautista; ganaron los primeros y según cuenta la mitología popular, un sacerdote jesuita de apellido Mera  maldijo el pueblo "charco eres y en charco te has de convertir".

La maldición en 1979 casi se vuelve realidad por un nuevo embate de la naturaleza, un segundo maremoto acabó en gran parte con el municipio. Muchos huyeron más por superstición que por miedo. Los que se quedaron reconstruyeron el pueblo,  abrieron selva y empezaron a cultivar sus sueños arrancando a la tierra su sustento. Todos vivían tranquilos, la naturaleza y su trabajo les proveían lo necesario para vivir,  pero en el año 2000 la hoja maldita hizo su aparición, con ella el dinero en grandes cantidades. Con el dinero también llegaron los químicos, las chagras, las prostitutas, los raspachines y la muerte vestida de camuflado y botas de caucho.... si, tras la siembra de las primeras matas de coca se incrementó la presencia de las FARC y en el Charco Nariño, se empezó a escribir una nueva historia llena de incertidumbre, dolor, desplazamiento y muerte.

Justo con la llegada del nuevo milenio y hasta hoy, Nariño se convirtió en el epicentro de los cultivos ilícitos en Colombia, por sus muchos ríos y miles de esteros salieron hacia el Océano Pacifico, toneladas y toneladas de cocaína, que en altamar eran embarcadas en buques hacia los Estados Unidos. Una de las zonas que  surtía esa gigantesca demanda fue el área rural del Charco. El río Tapaje y sus ocres aguas fue la autopista, por donde llegaron guerrilleros y narcotraficantes –  y salieron miles de toneladas de cocaína, que se vendieron como pan caliente en las grandes ciudades de Norteamérica. Ese mercado ilegal trajo miles de fajos de billetes, había de todas las denominaciones y todos tenían algo en común, el  deterioro producto de andar en los bolsillos húmedos de raspachines y chagreros.

Ese dinero no ayudó a volver realidad algunos sueños,  pero si fue la fuente que desencadenó uno de los peores capítulos de violación de los derechos humanos en Colombia, ocasionado por quienes sin importarles el valor de la vida, quisieron defender a toda costa, ciento cuarenta mil hectáreas de coca, sembradas en un pulmón natural de selva húmeda tropical, que nunca se recuperará de esta afrenta y que día a día muere lentamente, producto de las toneladas de insumos químicos, que son vertidos en sus inagotables fuentes de agua, después de ser utilizados para cristalizar la hoja de coca.

 La economía ilícita que se apropió del Charco Nariño por cuenta del narcotráfico   se hizo insostenible ...por decisión del Comando de la  Armada Nacional y tras evaluar información de inteligencia recogida en varios meses de trabajo, el 29 de marzo de 2007 se dio inicio a la Operación Macondo...no por coincidir con los cuarenta años de la publicación de la obra magna del Nóbel colombiano Gabriel García Márquez ... fue más bien por el corpulento árbol que alcanza los treinta o cuarenta metros de altura muy parecido a la Ceiba y que se da en las zonas costeras colombianas.

Un rítmico y cadencioso currulao brotaba desde la pequeña iglesia de la vereda Pulbuza en la parte media del río Tapaje, a dos horas en lancha del municipio de El Charco... diez matronas sentadas en las duras y desvencijadas bancas de la parroquia cantaban con ritmo y devoción un señor ten piedad... el melodioso coro salió de la iglesia y ayudado por una tenue brisa que venia del océano,  se coló por entre la maraña hasta llegar al primer pelotón del Décimo Batallón Fluvial de Infantería de Marina de la Armada Nacional, que poco a poco se empezaban a acercar al pequeño caserío como parte de la Operación Macondo ... llevaban quince días caminando no por senderos, porque allí los pocos que existen, están casi todos sembrados de  minas antipersonales.

El río Tapaje y el Estero Martínez fueron las rutas iniciales de las unidades anfibias  de la Infantería de Marina, que iniciaron esta operación luego de llegar a El Charco tras cuatro horas de viaje en lancha rápida, desde una de las bases de la Fuerza Naval del Pacifico ubicada en Buenaventura ...la misión era acabar con los cultivos de coca sembrados en la zona y con ello, la economía ilícita de la que estaban viviendo la mayoría de los treinta mil habitantes del Charco ... diez mil que habitaban en el desbordado casco urbano de doce calles de largo por tres de fondo y los veinte mil de la zona rural.

Cuando no había llegado la coca, la gran mayoría de los labriegos, aserradores y pescadores de la zona, se dedicaban a trabajar en improvisados aserríos,  al cultivo de plátano y yuca y a la pesca artesanal, también capturaban pianguas,  una especie de ostra negra de delicioso sabor .El Charco, Nariño, y el río Tapaje forman parte del Parque Nacional Natural del Sanquianga, que tiene una extensión total de ochenta mil hectáreas y es  la mayor riqueza natural de esta zona por poseer  el más grande ecosistema de manglar del Pacífico, que aparte de ser la fuente de alimentación de miles de especies marinas, se convierte en una barrera natural que protege el continente de la  erosión que ocasionan miles de olas llegando constantemente a la playa cada día.

Antes de la operación de la Armada Nacional en El Charco Nariño había una frenética vida comercial, en sus pocas y pequeñas ferreterías se vendía más cemento del que se necesitó, para construir el viaducto de Pereira y las troncales de Transmilenio en Bogotá. Pero eso era normal para los charqueños,  tan normal como las miles de toneladas de frutas que se pudren a diario porque no hay carreteras para sacarlas a los mercados regionales, o tan normal, como la venta diaria de miles de galones de gasolina en las estaciones flotantes sobre el rio Tapaje. Gasolina a chorros como para surtir dos mil vehículos diarios, pero lo curioso es que en El Charco no hay un solo carro circulando por su única calle central y los motores que se escuchan, son de ocho motos, tres de la policía utilizadas para patrullar  y cinco de algunos habitantes, que aquí son utilizadas más por diversión que por trabajo, porque a estas lejanas tierras no ha llegado aun la fiebre de los mototaxistas a pesar de que las fuentes de trabajo son escasas y las necesidades son muchas.

En el Charco hay energía eléctrica de lunes a viernes, de dos de la tarde hasta la media noche y los fines de semana hasta las dos de la mañana. La hora zanahoria no es voluntaria para las decenas de bares y discotecas diseminados por sus calles. La luz se apaga y la rumba termina porque el combustible para alimentar la vieja planta de la pequeña subestación es escaso,  la prioridad era que la gasolina viajara rió arriba hacia los laboratorios ubicados en las sesenta y cuatro veredas, que forman parte del municipio.

Cada tarde cuando la energía llega, también aparecen las ondas hertzianas de los 104.1 FM del Charco Estereo, única emisora de la zona  que se pelea a diario el espacio electromagnético y los oyentes con la emisora de la Armada, Marina Estereo ubicada en la cercana población de Guapi.

Tras varios días de dura caminata, de dormir poco sobre improvisadas camas hechas con hojas de plátano amontonadas sobre los pantanos y de tener barro hasta el cuello por haber cruzado varias zonas fangosas, el Teniente de Infantería de Marina Carlos Vega, Comandante de la Compañía de Contraguerrilla Destructor, hace la señal de detención inmediata y camuflarse. Están cansados, el equipo al hombro es de 30 kilos, pero pesa el doble porque esta mojado, un murmullo lejano los detiene. En su larga caminata no se han encontrado a ningún campesino y en cada vivienda que tocan a la puerta no reciben respuesta. Por eso el murmullo se sintió extraño, pero al escucharlo bien no quedaba ninguna duda, era un canto religioso, después de tantos días de no encontrar a nadie ese cadencioso coro era, como una ambrosía para los ya estresados y cansados integrantes de la Fuerza Pública.

Las semanas transcurridas desde el inicio de la operación fueron particularmente difíciles para el Teniente Vega y sus hombres; este oficial tiene veintisiete años de vida y pocos en la milicia pero ya su mirada y su contextura física están curtidas por la guerra. El Teniente llegó con sus hombres a la iglesia evangélica de la vereda Pulbuza casi al mismo tiempo que terminaba el oficio religioso, la comunidad se acerco a ellos para preguntar sobre los operativos y no llevaban mucho tiempo conversando cuando, desde la otra orilla del río y sin pensar por un minuto en la integridad y en la vida de los ciento treinta y seis pobladores -  ochenta y siete niños y cuarenta y nueve adultos que allí estaban - los guerrilleros del frente veintinueve de las FARC empezaron a disparar. Las balas atravesaron los vencidos y candentes techos de zinc y las paredes en madera de las rústicas casas... mientras los aterrados habitantes corrían por sus vidas hacia lo profundo de la selva, los Infantes de Marina se replegaron y mientras respondían el ataque se encontraron varias sorpresas.

La primera fue descubrir que el ataque no era un hecho aislado,  unas  zanjas de arrastre muy cerca de las casas de los colonos demostraban, que la guerrilla llevaba varias semanas esperando la tropa y había fraguado una emboscada. La segunda sorpresa no fue menos inesperada, desde la otra orilla del río los guerrilleros estaban disparando y lanzando rockets vestidos de civil, violando  todos los principios del Derecho Internacional Humanitario. Pero que importa eso para la guerrilla si ellos siempre han dicho, que al estar en la ilegalidad y alzados en armas contra el estado no tiene por que cumplir con las normas humanitarias.

La ultima sorpresa mas que rara fue dramática, en medio del fragor del combate pasó algo  ... en estas tierras  el número de hijos por hogar tiene como cuota mínima cuatro y como máxima pueden llegar hasta diez,  por el susto y por el temor a morir los campesinos corrieron por sus vidas, en la  salida presurosa no tuvieron tiempo de contar a sus hijos y a dos familias se les quedaron dos de sus integrantes, un bebé de escasos 18 meses y una niña con síndrome de Down de 16 años quedaron abandonados a su suerte en sus humildes viviendas...la presencia protectora de los Infantes de Marina de la compañía destructor, nunca como en este momento fue tan necesaria. Ellos arriesgando su propia vida entraron a los ranchos y sacaron a los niños en medio de las balas, que silbaban muy cerca de sus cabezas, un mortero hechizo llamado por los guerrilleros cardan... casi se lleva la vida de seis Infantes de Marina y de los dos niños cuando eran evacuados hacia una zona segura.

Nadie se explica como en medio de esta irracional acción ningún campesino salió herido de gravedad, los daños colaterales fueron materiales, la vieja iglesia a medio terminar y remendada con latas quedo como un colador,   pero eso fue lo menos importante, lo que vino después no fue menos grave,  el desplazamiento de más de mil cuatrocientas cuarenta y dos familias, que en unas pocas horas perdieron lo que tardaron años en construir. La hoja de coca llegó a esta tierra no para traer progreso sino para acrecentar la miseria, el desarraigo y  acabar con los valores familiares y sociales de un grupo de personas que lo único que querían era salir adelante.

El Teniente Vega rápidamente recibió apoyo aéreo y la guerrilla huyo hacia  lo profundo de  la selva, en las filas oficiales no había novedades, estos Infantes profesionales salieron avantes gracias a su entrenamiento y su mística, llevaban varios meses en las selvas y alejados de sus familias,  la única compañía familiar era una decolorada y arrugada foto familiar, que cada uno de ellos llevaban en sus chalecos, como un talismán para proteger sus vidas.

A partir de este momento se puso en practica una máxima para evitar bajas. Paso dado, paso asegurado y primero la vida de los civiles, que ya se empezaban a contar  por decenas y luego por cientos, desde las veredas Pueblo Nuevo, Tribuna, Perolindo, Guazajira, Bellavista, Maíz blanco y California; bajaban en lanchas, balsas y potrillos (pequeñas embarcaciones) presionados por el frente 29 de las FARC rumbo a un solo destino, el casco urbano del municipio de El Charco. Mientras huían por el río los asustados  desplazados se encontraron otra amenaza, las FARC lanzaron a las aguas del río Tapaje varios potrillos cargados de explosivos.

Los combates continuaron a lo largo del rio Tapaje, día y noche las ráfagas de fusil no daban tregua, en medio de la penumbra los soldados cortaban algunas hojas de plátano para improvisar un colchón natural para descansar por unos minutos. No era mucho lo que se podía descansar y además algunos enemigos ocultos y silenciosos también atacaban las filas de la Infantería de Marina,  la leishmaniasis y el paludismo golpeaban con fuerza, hubo más infantes puestos fuera de combate por estos dos enemigos naturales, que los ocasionado por la guerrilla; incluso un infante rompió un increíble record digno de los guinness, por vigésima oportunidad le dio paludismo.

A esta altura de la operación Macondo, los hombres y mujeres de la Armada Nacional empezaron a cumplir una doble función, la militar para cercar y poner en retirada a los guerrilleros del frente veintinueve de las FARC y la social para atender humanitariamente a las ya cerca de siete mil personas, que habían llegado a El Charco Nariño huyendo de las amenazas terroristas. A cada pequeño rincón de civilización en medio de la manigua y los pantanos llegaron los Infantes de Marina, para proteger la vida de los campesinos... por miedo a las represalias de las FARC los campesinos no interactuaron con los uniformados pero una mirada cómplice y una sonrisa de agradecimiento bastaban.

El número de desplazados rápidamente se acerco a las nueve mil personas,  con su llegada las primeras denuncias como la de “Amparo Ramírez” una de las muchas desplazadas, quien   aseguró que las FARC les dijo que salieran de sus casas por que la Armada iba a bombardear las viviendas. Ellos sólo pensaron en escapar, consigo llevaron lo que tenían puesto y un par de mochilas cargadas de miedo e incertidumbre. Sesenta y cuatro veredas se fueron quedando solas, los esteros de los ríos se convirtieron en avenidas del desarraigo y el desplazamiento, las casas de zinc y madera apostadas cada veinte metros sobre las márgenes se quedaron solas. Al llegar la Infantería todo era soledad; Luna una hermosa perra de raza labrador experta en antiexplosivos era la primera que entraba a los caseríos buscando minas o campos minados.  

Ante la llegada de los desplazados al casco urbano del municipio de El Charco se dispararon las alarmas de los organismos de atención social del estado y  la oficina de Acción Integral de la Armada Nacional. Lo primero que llegó para atender a los desplazados fueron cinco carpas letrinas, una carpa hospital, un tanque plegable para agua potable y un botiquín de medicamentos de la Gobernación de Nariño . El Gobierno Nacional a través de Acción Social envió kits de aseo y cocina, colchonetas, cobijas y treinta y dos toneladas de alimentos, las primeras llegaron a bordo del ARC Cabo Manglares el 6 de abril. Las segundas llegaron en el ARC Bahía Málaga diez días después. El Instituto Departamental de Salud de Nariño y  las entidades locales de salud prestaron atención inmediata, dando prioridad a la atención de menores y mujeres embarazadas, mientras el Instituto de Bienestar Familiar llevo a la zona cuatro toneladas mas de alimentos, para atender a la población desplazada .

La ayuda también llegó de organismos externos, la Cruz Roja Internacional entregó cerca de treinta toneladas de asistencia alimentaria y dos mil kits de aseo para atender necesidades básicas en los refugios provisionales. Con el apoyo de las autoridades locales  y la Armada Nacional se acondicionaron cuatro albergues: el  Instituto Educativo El Canal, La Parroquia, El Hogar Infantil y la Base Militar en esta ultima se alojaron setenta y cinco personas que llegaron de la vereda Treviño.

Los esfuerzos por brindar atención humanitaria a los desplazados por parte de la Armada Nacional se multiplicaron por cien. Mercados, útiles de aseo fueron entregados a las atribuladas familias que llegaron a las calles de El Charco con lo que tenían puesto, por los combates no pudieron ni sacar el cepillo de dientes. De Bogotá, Buenaventura y Guapi la Armada desplazó médicos y personal hospitalario quienes atendieron a cientos de desplazados, los problemas de salud más comunes eran diarrea y enfermedades respiratorias.

El drama humanitario duro casi dos meses, durante ese tiempo la Armada Nacional llevó y ayudó a transportar cerca de cien toneladas de alimentos y a la vez, fue asegurando una a una las veredas del medio Tapaje para garantizar el regreso de los campesinos. Con brigadas de salud llevo atención médica, recreación, alegría y alimentos para ayudar a los desplazados.

A mediados del mes de junio de 2007 cuando se escribió este relato, mil cuatrocientas familias habían regresado a sus fincas ubicadas en las veredas Morrito, Pulbuza la Vega, Pulbuza Pueblo Nuevo, Brazo Seco, Tribuna, Perolindo, Guazarija, Treviño, Vuelta Larga, Castigo, La Bola, Bolita, y quince veredas más. Todos regresaron después de coordinar con la Armada Nacional el apoyo, con  un dispositivo de seguridad para su regreso. De los retornos fueron garantes, Sandro Estupiñán representante legal de los once consejos comunales, María Reynelda Perlaza líder comunal de El Charco y el Coronel Alex Velásquez, comandante del Batallón Fluvial de Infantería de Marina Numero 10.

Al principio la relación entre la comunidad y la Armada fue algo difícil, pues los lugareños veían a los Infantes de Marina como los responsables de su desplazamiento, al haber ingresado a sus fincas para acabar con los cultivos ilícitos y los laboratorios para el procesamiento de alcaloides. Luego con el trabajo social desarrollado por la Fuerza Naval del Pacifico, la Segunda Brigada Fluvial de Infantería de Marina, El Décimo Batallón Fluvial  de Infantería de Marina y la Oficina de Acción Integral de la Armada Nacional la situación cambio. Los Charqueños entendieron que no podían seguir viviendo de una economía ilegal y con el apoyo de la Armada, ya están avanzando varios proyectos productivos de pan coger, cacao, piscicultura y cursos de capacitación, para madres cabeza de hogar. La idea es que muy pronto el trabajo con la hoja de coca solo sea un mal recuerdo en las mentes de estas humildes personas, que rápidamente se repusieron de su desplazamiento y ya tienen las ganas necesarias para salir adelante.

Los cerca de setecientos hombres que desarrollaron la Operación Macondo, ya están en otras tareas, El Charco para muchos dejo de ser un mal recuerdo y se convirtió en una experiencia más del servicio. Quizás lo más importante del drama humanitario que se vivió en el Charco Nariño, es que esta complicada situación puso en el mapa a esta pequeña población, muchos se dieron cuenta de su existencia y muchos recordaron que la  amenaza del terrorismo y el narcotráfico aún no ha terminado y puede atacar a cualquiera. Cuando emprendí el camino para escribir esta historia, espere encontrar miles de historias y relatos desagradables, pero me equivoque. En el Charco me encontré cientos de historias de vida, de personas humildes agradecidas con la vida y con la Armada Nacional por brindarles otra oportunidad para volver a empezar.  

El Pacífico colombiano esta lleno de embrujo, vida y contrastes. Nunca pensé que desarrollando este trabajo me encontraría con tanta belleza y con tanto desarraigo al mismo tiempo. Un infinito tapete verde que limita con las brumosas aguas de nuestro Océano Pacifico y cortado por cientos de riachuelos y esteros llenos de vida me marcaron el camino a El Charco, llegar a esta población es difícil pero más difícil aún es salir, el invierno es la principal causa, la falta de vías de comunicación es la segunda y el embrujo de su gente la más folclórica.

Para llegar allí hay tres caminos, la trocha, el aeródromo y el río, la primera un imposible, que lo digan los Infantes de Marina, la segunda; bastante movida imagínense la pelea de un minúsculo Cessna con un gigantesco cúmulo lleno de agua que amenaza con tumbar de un soplo la ya temblorosa aeronave. Para la gran mayoría de sus habitantes, el más barato y seguro es el río. Eso si, en lancha, buque o avión toca pelearse el espacio, con comestibles, bultos de ropa y pacas de agua. Para mi suerte, viajé por aire en un  ruidoso MI que nos recogió en Buenaventura después de una larga espera de día y medio, porque en esta zona puede llover dos días seguidos a cantaros, o el sol se puede perder perfectamente por una semana.

A mi lado en el helicóptero ocho Infantes, dos Suboficiales y un Teniente de Infantería de Marina, quien a sus 27 años de vida ya es un hombre curtido por el combate. Los semblantes de seis de ellos reflejan cansancio y no es para menos, tres días atrás, un lanchero con instinto criminal ante la imposibilidad de sacar  pasta coca por la presencia permanente de los hombres de la Armada Nacional, se ingenio un plan macabro, regaló una gaseosa litro envenenada a los infantes, para eliminar su presencia. La primera parte del plan se concreto, los sedientos infantes sucumbieron ante la necesidad de calmar su sed, producto de los cuarenta grados centígrados a la sombra y se tomaron la gaseosa, un par de minutos después ya estaban sintiendo los síntomas de la intoxicación, por suerte estaba cerca el enfermero de combate, Cabo Tercero John Fausto Toro, el prestó los primeros auxilios y en el mismo helicóptero en el que hoy íbamos hacia El Charco, los evacuaron  de emergencia al Hospital Naval de Buenaventura donde les salvaron la vida.

Es increíble pero apenas pasaron tres días y estos valientes hombres ya  estaban regresando a la zona de operaciones, después de haber estado en las puertas de la muerte y la verdad; iban como si nada, felices porque durante dos días habían dormido en una cama limpia y con colchón, algo que en la selva es imposible de tener.

El vuelo de Buenaventura hasta Guapi fue de cuarenta minutos y en veinte mas llegamos al Charco. Las condiciones de permanencia de los Infantes de Marina en el municipio de El Charco, quienes están apostados al otro lado del río, eran mucho más precarias que las de los mismos desplazados... cada diez metros armaron los  cambuches que estaban unidos por senderos de costales de arena y aserrín, con la compañía permanente de una nube de mosquitos que no respetaba toldillo. Espere encontrar al frente de esta tropa aun hombre huraño por tener que dormir en tan deplorables condiciones,  pero nuevamente me equivoque.

Allí me encontré al Coronel Alex de Jesús Velásquez, un oficial con cuarenta años de edad que se graduó como Teniente de Infantería de Marina, en mil novecientos ochenta y seis,  el mismo día que el Papa Juan Pablo Segundo estaba en Cartagena, recordó él. Cuando lo visite, el Coronel tenía tres meses sin ver a su familia, argumento suficiente para estar de mal humor,  pero no;  me encontré a un hombre afable,  amante de la poesía de Mario Benedetti, los libros de Anthony de Melo e increíblemente la música de Silvio Rodríguez.

Pero este particular oficial es una montaña de sorpresas, aquí en medio de la nada y donde los hombres bajo su cargo deben sentirse un poco estresados y la verdad hartos por las largas jornadas de vigilancia y patrullaje en medio de la selva, a este hombre se le ocurre hablar de doctrina y estrategia militar no con charlas magistrales y discursos inacabables... no... al Coronel Velásquez  le gusta enseñar con lúdicas historias y cuentos.

Esa misma estrategia la uso con la comunidad desplazada del Charco, para invitarlos a retornar a sus parcelas, como militar les garantizo seguridad, como ser humano les dio una voz de esperanza, como padre se puso en sus zapatos y como colombiano les dio una buena dosis de optimismo. Su estrategia funcionó, la realidad habla por si sola, el Charco hace varios meses dejo de ser noticia, sus pobladores rurales retornaron a su terruño y ya están en varios proyectos muy alejados de la coca, igual algunos insisten con la hoja maldita pero son pocos.

La gran mayoría se dejaron llevar por el impulso y las promesas cumplidas del Coronel Héctor Pachón, Comandante de la Segunda Brigada Fluvial de Infantería de Marina, por el apoyo social de las brigadas sociales  encabezadas por el Capitán de Navío Andrés Vásquez Villegas, director de la Oficina de Acción Integral de la Armada Nacional. También en el retorno de los desplazados jugó un papel crucial la iniciativa permanente del Capitán de Corbeta Rómulo Aleiza, su profesión periodista, pero se volvió un experto agrónomo, ingeniero, tecnólogo y veterinario para escribir a cuatro manos con los campesinos los proyectos productivos alternativos, para buscar la financiación estatal. Lo curioso es que cada uno de estos proyectos se empezó a escribir en una de las tantas tiendas y bares de El Charco, teniendo como animación de fondo un corrido prohibido o un tema de Darío Gómez.

 Como les dije en El Charco Nariño me encontré un relato de vida y no de muerte, una historia llena del sacrificio de setecientos Infantes de Marina, llena de mística de los Oficiales de La Armada que trabajan en esta zona y llena de lúdica, la lúdica  del Coronel Velásquez que sirvió para que la vida y la esperanza se impusieran sobre la muerte y la desolación.

Venga la esperanza,
Venga sola a mí,
 Pínchese la vela,
 Vuela el colibrí,
 Que sin la esperanza,
Donde va el amor.

Silvio Rodríguez
Canción Venga la Esperanza

En homenaje al Infante de Marina Profesional
Evelio Castro Armero
Muerte en Combate en la Operación Macondo.

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